|
LA MUSICA, FENOMENO NATURAL O CREACIÓN CULTURAL HUMANA? |
|
Rodolfo
Perez Chiarello |
|
|
|
|
|
Los
transcursos sonoros que llamamos música son percibidos de distinta manera
según las culturas. Así, un oriental puede tener un mundo sonoro musical
incorporado a su bagaje mental que difiere mucho del que exhibe un
occidental. Es
bien conocida la circunstancia en que un diplomático oriental fue
invitado a un concierto con obras de Beethoven, expresando al final que le
había gustado el "comienzo". El "comienzo" era la
tarea de afinación de orquesta. (Bernard Shaw ironizaba diciendo que lo
único bueno de los conciertos era el trabajo de afinación). Algunos
teóricos como Rowell, dado el caos conceptual de los últimos años,
definen la música "como todo aquello que habitualmente llamamos de
esa manera", evitando así compromiso y afirmando la tendencia actual
al pensamiento sin certezas. Para los fines de nuestra cultura occidental
podemos definir la música (definición del autor de este artículo) como
todo transcurso sonoro en el que se puedan percibir formas (Gestalt)
aunque sean imperfectas y que incluya por los menos dos sonidos que pueden
ser iguales en altura, intensidad, duración y timbre. Lo
característico de la música es la tendencia a la organización y a la
calidad del sonido. La organización es lo que nos permite, ya prever
" lo que vendrá", ya desarrollar expectativas respecto a
"lo que sigue". Todo esto provoca motivación, es decir,
expectativa de futuro, agradables expectativas se entiende, y si estas
expectativas se frustran se dirá que esa música es "mala" o
"que no se la entiende". Esta asociación con el placer existe
desde los orígenes de la música y explica también la búsqueda de los
sonidos agradables(la calidad del sonido entendida como Timbre
agradable). Así, no es lo mismo escuchar una melodía tocada en un piano
de calidad que ejecutada con una flauta de caña. Aunque esta última esté
perfectamente construida y afinada, su versión sonará menos atractiva.
(La forma que percibimos es teóricamente la misma pero armada con
elementos menos sensuales, menos placenteros.) El timbre rico en armónicos
del piano se impondrá sin dudas. Los armónicos son los sonidos que se añaden
al sonido fundamental de cada nota, especie de sobretonos que obedecen a
leyes físicas y que otorgan la identidad sonora a cada instrumento. Son
como su huella digital, así reconocemos inmediatamente el sonido de una
flauta, de una trompeta, de una campana, etc. La organización es lo que
permite que se compare a la música con un lenguaje. El músico se expresa
por medio de sonidos que están organizados en escalas(escaleras) es decir
vibraciones que suben y bajan en altura (número de vibraciones por
segundo). Las escalas son selecciones de sonidos más o menos arbitrarias
y que tienen la sanción de la experiencia de siglos de cada cultura. La
escala es una división de la "octava" en una serie de escalones
a distancias no siempre iguales. La octava es la distancia que existe
entre un do y el do siguiente (Se duplican las vibraciones, por ejemplo:
el primer do tiene 240 Hz y el segundo corresponde a 480 Hz) Los humanos
han seleccionado una serie de escalones sonoros que es distinta para cada
cultura y que puede ser más o menos "fina" o rica en peldaños.
Así, los hindúes tienen 24 notas por octava, siendo nuestro sistema de
12 notas por octava (si bien la nomenclatura menciona 7 notas del do al
si, lo cierto es que son doce si se tienen en cuenta los bemoles y
sostenidos, (las teclas negras del piano). Esta escala occidental es más
realista desde el punto de vista práctico que la hindú o cualquier otra
que incluya más de doce tonos por octava, por ser estos tonos más
accesibles al oído común y de afinación (entonado) más fácil. Los
sistemas de 24 o más tonos por octava se llaman microtonales, por ser muy
pequeño el salto de un tono al siguiente. El
occidental que escucha una música microtonal experimenta una desagradable
impresión de sonidos "desafinados" o inconexos, debido a su
falta de frecuentación y porque está por siglos falto de un mayor
entrenamiento en discriminación auditiva. Hablar
sobre los orígenes de la música puede llenar una biblioteca entera y será
motivo de artículos sucesivos. Dijimos
que la música se asocia con el placer: así, la voz humana, instrumento
musical por excelencia, esta asociada al origen y organización de los
sistemas musicales e íntimamente ligado al placer del sonido. De este
modo, se explica que las personas dotadas de una voz bien timbrada ejerzan
sobre las demás una fuerte influencia sensual, siendo múltiples las
consecuencias de este fenómeno, ya sea en el plano sexual o en las
relaciones sociales, económicas o políticas. Es sabido que un vendedor
que sabe "trabajar" un buen órgano vocal, vende mucho más que
aquel que tiene voz áspera o poco educada. Los cantantes populares y operísticos
mueven multitudes y manejan un enorme poder económico al ejercer tan
tremenda influencia afectiva-sensual. Algunos cantantes, como Edith Piaf o
Azanvour manejan con tanto talento la parte afectiva que la escasa
sensualidad de sus voces pasa a segundo plano. Como vemos, es ingenuo
creer que la música es un simple entretenimiento ya que su capacidad de
transmisión y movilización de contenidos afectivos, le da un poder de
fascinación único entre todas las artes. Cabe
preguntarse: si está tan asociada con el placer, ¿porqué gusta la música
dramática, tan cargada de sonidos tensionantes, brusquedades, asperezas,
acordes disonantes, rupturas de la expectativa, etc?. Pues, porque estas
asperezas, por un lado se han ido incorporando al bagaje sonoro de los
humanos (sobre todo desde Beethoven) , y por otro lado, porque el arte
musical corporiza en sonidos el drama humano, las profundas
contradicciones y complejidades de la mente que a su vez es creadora de
estas entidades que son sus representantes. Para Schopenhauer, la música
era una representación de la voluntad del universo, ese motor o voluntad
ciega e irracional que existe debajo de la materia como realidad metafísica
última. El
placer que se experimenta ante la música que nos conmueve dolorosamente,
valga la contradicción, es de la misma calidad que el que proviene del
drama literario o teatral. Shakespeare y Beethoven son los dramaturgo que
incitan a la catarsis (descarga benéfica de emociones negativas), esa
misma catarsis que los griegos provocaban en el pueblo con sus
representaciones dramáticas. La tragedia griega extrae su fuerza
movilizadora de los mismos núcleos conflictivos que luego revelarán los
músicos gracias al avance paralelo, por una parte de la riqueza expresiva
de los medios técnico-musicales y por otra, de la capacidad de captación
y comprensión del hombre común. Todo este bagaje cultural es, por
supuesto, creación humana y artificio, pero artificio que se fundamenta
en las profundidades más oscuras del ser vivo: el ritmo elemental
proviene de nuestro latido cardíaco, de los ritmos biológicos, de la
respiración, de las múltiples percepciones internas que se combinarán
con las externas en compleja trama constitutiva de un reservorio de imágenes
sonoro-ritmicas. El lenguaje hablado provee los moldes melódicos
elementales, pues se mueve con cadencias que son las que darán forma a
las expresiones musicales más sencillas, a manera de sistema paralelo de
comunicación, desligado del carácter prosaico de la palabra. Un ejemplo
simple de ello es la representación musical de un grito de angustia: un
salto de octava ascendente, jamás podrá confundírselo con una expresión
de placer, pues universalmente funciona como grito de alarma en los mamíferos.
La música, no sólo utiliza estos efectos para emocionar, sino que
satisface necesidades complejas de afecto, seguridad, variedad
(necesidades psíquicas básicas del hombre), y en las formas más
elaboradas (sonata, sinfonía) donde sólo pueden incursionar los grandes
compositores, suministra además satisfacción a necesidades intelectuales
que se relacionan con la belleza formal (arquitectura musicales) y la lógica
del discurso sonoro. Una
gran creación musical es equiparable a un sistema filosófico o a una
teoría científica, tiene los mismos objetivos de coherencia interna y
rigor intelectual, unidad orgánica e importancia significativa. Las
grandes creaciones como la misa en si menor de Bach o la sinfonía Heroica
de Beethoven, son consideradas como las más altas expresiones del genio
humano. M. Bunge opina que las grandes teorías científicas son de mayor
mérito que las creaciones artísticas. Esto es verdad si las consideramos
en su valor de hacer intelectual con fines prácticos inmediatos y
consecuencias más o menos mensurables. Lo que Bunge no dice, es que las
realizaciones artísticas tienen consecuencias más difusas y amplias,
pues pueden llegar a casi todo el mundo, con un lenguaje más accesible y
con contenidos afectivos que las hacen amables, placenteras e
incorporables, cosas que no pueden lograr los sistemas filosóficos o
científicos, desarrollos intelectuales vedados al gran público. Esta
virtud de ser querible, virtud que no puede reclamar para sí ningún
sistema filosófico o científico, convierte a las grandes obras musicales
en formidables vehículos para la comunicación masiva de contenidos y
significados, que, expresados por otros medios, apenas llegarían a unos
pocos privilegiados. Beethoven
expresó esto en una formidable intuición que por suerte ha quedado
registrada por su amiga B. Brentano : "Debo despreciar al mundo que
no intuye que la música resulta una revelación mayor que toda ciencia o
filosofía. Es el vino que inspira nuevas creaciones y yo soy Baco que
prensa este delicioso vino para los hombres y los embriaga
espiritualmente. Luego,
cuando estén desembriagados, habrán desentrañado algunas cosas que
conservarán en estado de sobriedad". También
con palabras podía ser muy elocuente el sordo de Bonn. Bibliografía
Principal: ·
J. Rufer: “Músicos sobre música“,
Eudeba, 1982. ·
J. C. Paz: “Introducción a la música
de nuestro tiempo” , Ateneo, 1984. ·
R. Benenzon: “Teoría de la
Musicoterapia“, 1993. ·
M. Bunge: “Razón e Intuición“,
1973. ·
M. Scciaca: “Historia de la Filosofía“,
Ateneo, 1962.
·
L. Rowel: “Filosofía de la música” ·
F. Nietszche: “El origen de la
tragedia” ·
A. Schopenhauer: “El mundo como
voluntad y como representación” ·
C. Lambert: “Música a la vista” ·
F. Hegel: “Estética” ·
A. Golea: “Estética de la música
contemporánea” ·
F. Prieberg: “Música de la era técnica”
|
|