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Isaac Newton Prof. Alfredo Garasini |
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Decía Galileo: "Algún
día espíritus más profundos que el mío llegarán a conocer a fondo
los secretos que encierra la naturaleza". Esta visión que tuvo el
gran sabio italiano fue realizada por Newton, porque él terminó de
construir el imponente edificio de la Mecánica Clásica. Isaac Newton, que fue
hijo de un granjero, nació un año después de la muerte de Galileo, en
1642. El joven Isaac no fue un niño prodigio, aunque sin embargo,
durante sus primeros años, se destacó por su habilidad mecánica al
construir relojes solares y molinos de viento, pero ni en la escuela, ni
en la Grammar School reveló sus condiciones geniales como científico. Al ingresar al Trinity
College en Cambrige tuvo la oportunidad de conocer al profesor Isaac
Barrow, excelente matemático que supo conducir a su singular alumno a
descubrir las bases del cálculo diferencial e integral. Barrow, hombre
de alta condición humana, pronto reconoció la superioridad del joven
Newton y resignó su cátedra cediéndosela a éste en un gran gesto de
hidalguía, ejerciendo la enseñanza durante un cuarto de siglo. El insigne sabio inglés,
no sólo indagó en el mundo de las matemáticas y de la mecánica,
también se preocupó por estudiar las leyes de la óptica.
Transcribimos con sus propias palabras el momento en que investigó el
notable fenómeno de los colores: "Oscurecí mi pieza
e hice un pequeño orificio en las persianas para dejar entrar una
cantidad conveniente de luz solar. Coloqué mi prisma en la proximidad
de la abertura, de modo tal que la luz se refractara en el prisma, hacia
la pared opuesta. Desde el principio resultó un entretenimiento muy
agradable el ver así producido un haz luminoso de vívidos e intensos
colores". A Newton le esperaba
todavía el privilegio de desentrañar uno de los secretos más
guardados por la naturaleza, nos referimos a la Ley de la Gravitación
Universal. Hay que admirar lo osado
del pensamiento newtoniano, porque esta ley está generalizada a todos
los cuerpos, planetas, estrellas, galaxias, etc. y la misma reza así: "Toda partícula de
materia del Universo atrae a cualquier otra partícula con una fuerza
que es directamente proporcional al producto de las masas de ambas partículas
e inversamente proporcional al cuadrado de las distancias que las
separa". Digamos que con esta ley
había nacido la Mecánica Celeste propiamente dicha. No obstante Newton
reconoce que la naturaleza siempre se guarda algo para sí, porque logra
cuantificar trayectorias, órbitas, etc. pero no pudo descubrir la
verdadera causa de la gravitación, es decir: ¿Por qué se atraen los
cuerpos? Así surge su célebre
frase: "Seguro es que la
gravitación debe proceder de una causa que penetra hasta los centros
del Sol y de los planetas, sin sufrir la menor disminución de su poderío...
pero hasta ahora no logré deducir la causa de las propiedades de la
gravitación, y yo no forjo hipótesis". Todos los honores que
Inglaterra pudo dar a un gran hijo los recibió. Fue elegido caballero
del Imperio y Director de la Casa de la Moneda, donde mejoró el sistema
administrativo y eliminó la corrupción. Dado que era célibe, su
sobrina cuidaba de su casa. Tuvo una larga y feliz vejez. Se sabe que el gran inglés no poseía un
carácter fácil, era susceptible, no aceptaba objeciones de los demás
y menos si provenían de algún científico. El propio Stephen Hawking,
comenta en su libro "Historia del Tiempo": "era de carácter
tímido y corrosivo, pero de una manera socialmente más
aceptable", en nuestra opinión ha dejado tanta riqueza de
conocimiento a la humanidad que su flaquezas como persona deberían ser
perdonadas por todas las sociedades del mundo. Murió el 20 de marzo de 1727, lo
sepultaron en la Abadía de Westminster. Concluyamos con las palabras de
H. Poincaré: "Por lejos que llegue el telescopio no alcanza el límite
sometido a las leyes del gran Newton".
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