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Las partículas elementales ¿son supercuerdas? La
búsqueda de una teoría unificada de las fuerzas fundamentales de la
naturaleza
(Parte I) |
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Dr. Luis P. Neira |
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“Este
orden del mundo, el mismo para todos, no lo hizo dios ni hombre alguno,
sino que fue siempre, es y será; fuego siempre vivo, prendido según medidas
y apagado según medidas” Heráclito
de Éfeso (hacia 544-480 a.C) Introducción La
historia de la física es una dramática búsqueda de teorías para
explicar la diversidad de los fenómenos naturales. En los últimos veinte
años ha sido notable la investigación teórica y experimental sobre los
esquemas unificados de las fuerzas (interacciones, en lenguaje moderno)
fundamentales.
No obstante,
este proceso unificador actual
ya tiene sus raíces en el pensamiento antiguo. En efecto, el filósofo
y geómetra griego Thales de Mileto (hacia 624-546) ya supuso que el agua,
en esencia,
era el origen de todas las cosas. Esta hipótesis, aunque
manifiestamente falsa, para la tecnología de la época tenía su encanto:
el agua era la sustancia que podía adoptar los estados liquido, sólido y
gaseoso. Posteriormente, Anaxímedes, Jenófanes y Heráclito, propusieron
el aire, la tierra y el fuego, respectivamente, como sustancia primordial.
Finalmente, Empédocles de Acragante (hacia 494-434) sintetiza las hipótesis
anteriores en una teoría basada en los cuatro elementos clásicos: fuego
(o calor), aire, agua y tierra. Además postula que los mismos están
relacionados a través del Amor (Eros) y el Odio (Polemos). Estas ideas
antropomórficas bien pueden considerarse como una aproximación al
moderno concepto de fuerzas atractivas y repulsivas. Se podría decir que
este esquema, basado en cuatro elementos y dos interacciones, es el primer
intento, aunque científicamente no fundamentado, de una teoría del todo
(en inglés: theory of everything). Por otro lado, estas ideas condujeron
al punto de vista de que el calor podría fluir hacia dentro de la materia
y hacia fuera de ella. La
descripción de Empédocles fue adoptada y perfeccionada por Aristóteles,
y perduró muchos siglos hasta la aparición de la química en la edad
moderna. A
escala del universo, Ptolomeo (100-170) expone una teoría donde la Tierra
es el centro, y la Luna, el Sol, los planetas giran alrededor de ella
describiendo órbitas circulares. Este esquema, a pesar de sus
limitaciones, permitía describir globalmente la estructura del cosmos. El
modelo de Ptolomeo prevaleció hasta el Renacimiento, en el que se impuso
el punto de vista de Copérnico, con el Sol en el centro del universo y la
Tierra y demás astros girando alrededor de él. Las
teorías de Ptolomeo y Empédocles no son científicamente válidas, y,
con certeza, son incorrectas; no obstante, tenían la virtud de explicar
una gran variedad de fenómenos de una manera muy simple. A medida que las
nuevas teorías físicas se fueron desarrollando, sus predicciones se
fueron ajustando con mayor precisión a los datos experimentales. Así,
el antiguo concepto de calor dio paso a la moderna ciencia de la termodinámica.
El modelo de Ptolomeo, restringido a explicar el movimiento de los
planetas, fue reemplazado por la teoría de Newton que explicaba el
movimiento de cualquier cuerpo masivo sometido a una fuerza gravitatoria.
La actual tabla periódica de los elementos, construida
de
acuerdo a las
reglas
y
leyes
de la
física atómica, reemplazó a los elementos de Empédocles,
escogidos arbitrariamente. Los
mayores avances de la física fundamental han sido logrados cuando se han
detectado aparentes contradicciones de teorías bien establecidas. El
proceso de reconciliación de ambas conduce a
una teoría mejor, que, normalmente, contiene nuevos conceptos
radicales y notables predicciones experimentales. Las dos teorías
antiguas consideradas, movimiento planetario a gran escala de Ptolomeo y
la composición de la materia a pequeña escala de Empédocles, tienen un
estrecho paralelismo con las dos teorías contemporáneas más
importantes: la teoría
general de la relatividad de Einstein y la mecánica
cuántica (Bohr, Heisenberg, Dirac, Schödinger y otros). Tal como
pudo haber sido dificultoso unir las teorías de Ptolomeo y Empédocles en
una teoría unificada a diferentes escalas del universo, los físicos
actuales están hallando dificultades para compatibilizar la teoría
general de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica. En los últimos
años, los físicos de partículas elementales son optimistas en lograr
dicho objetivo, basándose en una nueva propuesta: la teoría
de supercuerdas. El
físico teórico Steven Weinberg (Premio Nobel 1979) ha vaticinado que una
completa teoría unificada de las interacciones podría lograrse antes del
año 2050. Historia
de las teorías unificadas
A
pesar de que el hombre siempre estuvo en contacto con la fuerza de
gravedad, la misma no fue tratada científicamente hasta que Newton publicó
su ley de gravitación universal en 1687 (en realidad, esta ley fue
descubierta por Newton en 1666). A partir de entonces, ya no fue necesario
diferenciar entre la fuerza que permitía la caída de los cuerpos en la
superficie de la Tierra y la fuerza que obraba en los cielos impulsando a
los astros. En terminología moderna, concluimos que la teoría newtoniana
de la gravitación es una teoría unificada de la física. Hasta
los primeros años de siglo XIX, las fuerzas eléctricas y magnéticas
fueron estudiadas en forma separada. En 1819, Hans Christian Oersted
descubrió que una corriente eléctrica que circulaba por un conductor,
producía en sus proximidades una fuerza magnética. En 1831 Michael
Faraday demostró que el movimiento de un imán originaba una fuerza eléctrica
(inducción electromagnética). Introdujo también el concepto de campo,
es decir, la región del espacio donde se manifiesta una fuerza. Usando el
lenguaje de campo se puede decir que toda corriente eléctrica produce un
campo magnético, e inversamente, que todo campo magnético variable
induce una corriente eléctrica. Alrededor de 1850 James Clerk Maxwell,
interpretando los hallazgos de Faraday, logra unificar los campos eléctricos
y magnéticos en una teoría del campo electromagnético, basada en un
sistema de cuatro ecuaciones. Históricamente, es la primera
teoría de campo unificado. Faraday,
por su parte, había tratado de unificar la fuerza eléctrica con la
fuerza gravitatoria fracasando en su intento. En
1905 Albert Einstein introduce la relatividad del movimiento y el concepto
de espacio-tiempo tetradimensional (tres dimensiones espaciales y una
temporal) en su teoría especial de la relatividad. El propio Einstein,
entre 1908 y 1916, unifica la geometría del espacio-tiempo y la teoría
de la gravitación al desarrollar su teoría general de la relatividad.
Una década después se formaliza la mecánica cuántica, lográndose una
síntesis entre la física atómica y la química. A
partir de 1920, Einstein buscó afanosamente una teoría de campo
unificado, capaz de unir su teoría de la gravitación con la teoría
electromagnética.
Ahora sabemos que dos obstáculos impedían
que su intento se coronara en éxito. Primero, él conocía dos de
las cuatro fuerzas de la naturaleza, la electromagnética y la
gravitatoria; la fuerza débil
(responsables de las emisiones radiactivas que transforman
neutrones en protones) y la fuerza fuerte (que liga los quarks dentro de
los protones y neutrones, y mantiene unidos los protones y neutrones
dentro de
los
núcleos)
todavía
no
habían sido descubiertas. Segundo, él rechazaba la mecánica cuántica
debido a su naturaleza probabilística: su frase célebre “Dios no juega
a los dados” resume su postura filosófica. El
hecho de que al trabajar con altas dimensiones se lograba una teoría
unificada, inspiró al matemático Theodor Kaluza a extender las
ecuaciones de Einstein a cinco dimensiones. Halló que en su modelo
pentadimensional (cuatro dimensiones espaciales y una temporal),
el espacio-tiempo (y, en consecuencia, la gravedad) estaba
unificado con el electromagnetismo de Maxwell. Ahora bien, ¿por qué no
se observa esa quinta dimensión extra? La respuesta la dio el físico
sueco Oskar Klein, quien propuso que la quinta dimensión de Kaluza es
demasiado pequeña para ser medida. En esencia, la hipótesis de Klein
supone que cada
punto del espacio tridimensional ordinario es en realidad un pequeño
circulo en la cuarta dimensión espacial. El tamaño del mismo es de 10-32
cm, es decir 10-20 veces
más pequeño que el núcleo de un átomo. Al
final de la década del cuarenta se unen la relatividad especial con la
mecánica cuántica dando lugar a un marco teórico llamado teoría
de campos cuántica. Los fundamentos de la teoría de campos cuántica
han permitido construir varios tipos de teorías consistentes, destacándose
en particular las llamadas teoría de gauge (del inglés gauge: calibre,
pronúnciese gueisch), que han permitido un gran avance en el proceso de
unificación de las fuerzas fundamentales. El
siguiente paso hacia la unificación llegó en 1967 cuando Steven
Weinberg, de la universidad de Harvard, elabora una teoría que
unifica la fuerza electromagnética con la fuerza débil. Weinberg logró
el objetivo añadiendo una partícula eléctricamente neutra, la Z0 , a la
teoría de la fuerza débil, que permitió salvar las dificultades técnicas
para el proceso de unificación con la existente teoría electromagnética.
De esta manera, dos fuerzas aparentemente distintas se amalgamaban en una,
que recibió el nombre de fuerza
electrodébil. Pocos meses después, Abdus Salam, del Imperial College
de Londres, llegaba al mismo resultado. En
1973, Sheldon Glashow y Howard Georgi publicaron una teoría en que se unían
la fuerza electrodébil con la fuerza fuerte para forma una gran
fuerza unificada. Actualmente hay muchas teorías rivales, ligeramente
diferentes, llamadas Teorías de la Gran Unificación (GUTs, en inglés).
Estas teorías tienen una característica en común: los quarks y leptones
son, esencialmente, diferentes manifestaciones de una misma partícula.
Los quarks transportan la fuerza fuerte y
los leptones transportan la fuerza débil, y, como las fuerzas
transportadas por ellos están unificadas, entonces ellos mismos deben
estar vinculados. A
principios de la década del 70 se introduce el concepto de supersimetría
en la física (el prefijo “super” estaba de moda en esa época). La
supersimetría postula que para cada bosón (partícula que transmite la
fuerza) existe un fermión (partícula que constituye la materia).
Entonces las supersimetría relaciona las partículas que transmiten
fuerzas con las partículas constituyentes de la materia. La
teoría que combina la teoría de Einstein de la gravitación con la
supersimetría se denomina supergravedad.
Esta teoría supone que además del gravitón, las partículas
responsables de transmitir la fuerza gravitatoria constituyen una familia
supersimétrica, en donde intervienen unos enigmáticos fermiones llamados
gravitinos.
Una versión potente de la supergravedad, llamada “N=8”, supone
la existencia de ocho gravitinos. Estos compañeros supersimétricos del
gravitón no han sido hallados, por lo que la teoría ha sido seriamente
cuestionada. Se han hecho intentos para rescatar la teoría
aumentando el número de dimensiones a once, pero los mismos han
tenido poco éxito. Esto contrasta con el optimismo que tenía Stephen
Hawking a comienzos de los años 80, cuando consideraba que la
supergravedad N=8 era la culminación de la física teórica. Una
nueva línea de investigación se gestó a partir de 1980, cuando Green y
Schwarz empezaron a trabajar sobre teoría
de cuerdas con supersimetría en el espacio-tiempo, las denominadas teorías
de supercuerdas.
Los grandes avances de la física ocurren cuando dos teorías aparentemente contradictorias se funden, al hacer compatibles sus principios, en una única estructura teórica. Actualmente se desconoce el principio básico subyacente que permitiría unificar la relatividad general con la teoría cuántica de campos del modelo estándar (que unifica la fuerza electrodébil con la fuerza fuerte) En
el próximo número ahondaremos sobre algunos tópicos tratados en este
artículo, y trataremos con detalle la unificación electrodébil, las
Grandes Teorías Unificadas y la Teoría de Supercuerdas. |
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